Las voces de mi vida (3). Frank Sinatra.
Para mí no. O mejor dicho: no ha sido siempre así. Para mí la voz de Sinatra es una voz reciente, porque ha tenido que morirse para que me empezara a gustar.
En vida, la voz del cantante aparecía desdibujada detrás de un personaje del que sólo me llegaban noticias desagradables, o, en el mejor de los casos, intrascendentes. Negocios siniestros, trampas, acciones mafiosas, amistades peligrosas, películas estúpidas, tinglados comerciales de dudoso interés artístico, insolidaridad con sus compañeros de profesión, etc. Era más un tipo sin gracia que grababa discos y que colgaba éxitos de vez en cuando en las listas de venta de todo el mundo, que un cantante maravilloso o un artista indiscutible. Para acabar de redondear un perfil bastante desagradable, también era el padre de una hija que pretendió ser cantante, sin lograrlo a pesar de su ayuda. Siempre me dio pena es chica, Nancy Sinatra, que siempre lo tuvo todo, y que nunca llegó a tener nada.
Pero Frank se ha muerto, y con él se han ido también sus trapacerías –como decimos en mi tierra-, sus indigestas cenitas hasta la madrugada con Julio Iglesias, sus excesos y sus defectos, y han quedado algunas canciones perfectas en el tocadiscos (qué palabra tan antigua ya!): la sensacional "Somewhere In yoy Herat", la reflexiva "Y was a very Good", y sobre todo "Strangers in The Night", rotunda, perfecta, inapelable, con su extraordinaria carga de melancolía. Y detrás de ellas, ahora sí, he podido distinguir una voz poderosa y cálida, inconfundible, de modulaciones portentosas, especialmente fresca para la melodía y la balada. Una voz que se armoniza admirablemente con el saxo y el sexo, el piano y la orquesta de jazz, en un totum capaz de contarnos pequeñas historias de soledad, de noches de amor y lluvia, de pasiones y relaciones que se van perdiendo por el horizonte, como les ocurre a todas las pasiones y todas las relaciones que se precien de serlo.
La música ha aparecido diáfana por detrás del humazo irrespirable de los clubes que siempre frecuentó y por encima de las fechorías de las que se le hace responsable.
Y ahora ya sí me gusta el gran e indiscutible Frank Sinatra.
A muchos les parecerá redundante hablar de la voz de Frank Sinatra. Para ellos la voz de Sinatra es, sencillamente, LA VOZ.

Últimos comentarios